Vallekas se manifiesta

Las vecinas y vecinos de Vallekas salen a las calles el domíngo 22 de noviembre a las 12:30h para defender lo que es de todos y todas, la Sanidad Pública.
Comunicado manifestación 22 N en Vallekas
No faltes. La sanidad pública es de tod@s.
Cartel manifestación por la sanidad de Vallekas

Merkel vs. Mercados

Con casi el doble de población que la de España, Alemania tuvo la mitad de infectados, menos de un tercio de los muertos y una ratio de mortalidad por cada cien mil habitantes que equivale a poco más de la décima parte que la de la población española. 

¿Esto también vamos a intentar explicarlo por mítica idea de la “superioridad germana” ante la “excepcionalidad española”

Podríamos, para pasar de temas que incomodan. Pero si nos tomamos seriamente la tarea de contrastar datos, vemos claramente que la explicación pseudo-antropológica de las diferencias culturales es un mito que refuerza otros, para no hablar de lo que verdaderamente puede explicarse siguiendo el rastro de los guarismos que traducen el resultado de las políticas públicas.

La diferencia de PIB entre uno y otro estado son insuficientes para explicar el abismo de resultados a la hora de enfrentar la crisis COVID-19. 

Siendo un país significativamente más rico, Alemania es sobre todo un país menos desigual y con una inversión en Sanidad Pública por habitante y en términos porcentuales del PIB un cincuenta por ciento superior al de España. 

Todo esto se traduce en una ratio de camas disponibles en UCI que triplica a la nuestra, y una inversión en recursos humanos y formas de contratación que poco tiene que ver con la precaria estabilidad de nuestros agentes sanitarios y sus menguadas nóminas. 

El acceso de los jóvenes al mercado laboral y al de la vivienda, es otra de las claves en que nos deja pensando el programa Salvados emitido por La Sexta el domingo pasado.

recinto ferial de berlin
Recinto ferial de Berlín, Captura del video "El exitoso método de Merkel: dinero a pequeños empresarios" del programa Salvados de la Sexta

Una excelente oportunidad para pensar la crisis sanitaria que atravesamos en un contexto más amplio de recortes de los servicios públicos que ponen a nuestro Estado de Bienestar en la encrucijada.

Nos hacemos eco del programa “Abandonados”

Desde @aplausosporlasanidad nos hacemos eco del programa Abandonados, que se emitió ayer, 9 de noviembre en la Sexta.

Un programa que comienza con los aplausos a los que sigue el silencio.Ese silencio en el que nos encontramos sumidos desde que nos dejaron salir a las calles otra vez. Esas calles vacías de vida cotidiana y llenas de colas. Esas colas ante los centros de salud cerrados y ante los hospitales cada vez más desbordados.

El exterior y el interior de esos centros y hospitales muestran por igual la sensación de abandono que, como ciudadanas y como trabajadoras sanitarias, estamos sufriendo ante la inacción y la disputa constante entre las instituciones.

Reclamamos una sanidad pública 100% en un Madrid que es la ciudad en la que más se ha trabajado por vender la salud a empresas privadas con ánimo de lucro.

El nuevo hospital, Isabel Zendal, heredero de políticas como la de la Ciudad de la Justicia, se muestracomo el proyecto fastuoso-estrella de la Comunidad de Madrid que no ha informado aún de su coste y financiación del que contratas y subcontratas se están beneficiando. Frente a tanto boato, la propuesta de la razón: recuperar la desinversión que desde hace décadas sufre el sistema sanitario público y dotar adecuadamente a la atención primaria.

Hay dos momentos especialmente relevantes en este programa. El de la exposición del plan hipotecario de la sanidad protagonizado por una tramposa Esperanza Aguirre que parece salida de un ring de boxeo y el de la exposición de la realidad vivida durante la pandemia y en esta segunda ola por protagonistas que transmiten con lágrimas, manos enervadas entre la contención y la rabia, la estupefacción y el silencio, la otra cara, la de quienes sí trabajan por el bien común.

salvados-abandonados
Imagen del Programa "Salvados" de la Sexta

Un hospital público se cierra mientras se abe otro hospital-hotel con gestión privada: la lógica de la especulación

Miedo a que se repita

Algunos estamos peor ahora que entonces

Antes, durante la primera ola, vivíamos con máxima intensidad ante una realidad que cambió radicalmente

Sin información, sin medios, sin protocolos

El silencio entre los pacientesque morían solos en una sala de urgencias

Nadie que no haya estado dentro entiende lo que hemos vivido

A las 20:00h. se les aplaudía. Pensaban que de esa forma se reconocía lo que estaban haciendo, pero poco a poco se transformó en la constancia de que no se les estaba proporcionando lo que era necesario para ejercer su trabajo. No hubo un mensaje más allá del aplauso ni al aplauso le siguió un cambio de estrategia ni de gestión.

Después de escuchar completo el relato, coincidimos plenamente en lo que falta y ha faltado: comunicación con quienes realmente tienen la información. Por eso construimos esta web, y porque nosotras seguimos confiando en que la autoorganización de esos hospitales que funcionaron como colmenas, el apoyo mutuo, fue lo que en realidad marcó la diferencia.

Apoyo y solidaridad con la huelga del lxs trabajadorxs de Osakidetza y sus subcontratas.

Ahora mismo tenemos el ejemplo en Euskal Herria en donde las organizaciones sindicales LAB, SATSE, ELA, SME, CCOO, UGT, ESK,
SAE y UTESE han convocado tres jornadas de huelga en Osakidetza

Este es el camino que hay que seguir en Madrid, la unidad de todxs lxs trabajadorxs de la Sanidad Pública que trabajen para el SERMAS o cualquiera de sus subcontratas. 

comunicado de apoyo y solidaridad
Apoyo y solidaridad

UNA SANIDAD VERDADERAMENTE PÚBLICA, QUE SE DEROGUE LA LEY 15/97 Y EL ARTÍCULO 90 DE LA LEY GENERAL DE SANIDAD, SE RECUPERE LO PRIVATIZADO, SE GARANTICE QUE TODAS LAS PERSONAS TENGAN ACCESO A LA SANIDAD PÚBLICA (NATIVA O EXTRANJERA, LA MISMA CLASE OBRERA), Y TODO ELLO CON CONTROL DEMOCRÁTICO POR PARTE DE LXS TRABAJADORXS Y QUE NO QUEDE EN MANOS DEL CAPITAL.

Ayuso vuelve a poner el negocio, por delante de la salud de lxs madrileñxs

En Madrid desde el 1 de septiembre al 3 de noviembre: según los propios datos de la Comunidad de Madrid, los muertos por covid-19 llegan a la enorme cifra de 2.501 personas.

Según el Portal Estadístico de Recursos Humanos del Servicio Madrileño de Salud (SERMAS) el incremento de 9.163 personas desde febrero hasta septiembre, en un enorme porcentaje, no suponen nuevos efectivos, sino cobertura de bajas médicas, etc.

El SERMAS ha decidido que los trabajadorxs que van a ir a su nuevo Hospital de Pandemias (Hospital Enfermera Isabel Zendal) van a salir de su actual plantilla.

La creación de este hospital ya está acumulando fuertes incremento sobre el gasto previsto (se estiman ya en 46 millones de euros los sobrecostes).

Vivir en Estado de Alarma

Los indicadores de una vida digna, entendida esta como una vida que valga la pena ser vivida, hace tiempo que dan cuenta de una alteración grave al interior del sistema económico que la sostiene.

No saber si pasaremos del ERTE al ERE, si llegaremos a pagar la letra, el alquiler o la calefacción (esto en caso de disponer de una vivienda); no tener idea de si volveremos a trabajar alguna vez, si podremos brindar a quienes están a nuestro cargo unas mínimas condiciones de dignidad, no mañana, hoy.

No es el artículo 116 de nuestra Constitución el que define el estado en que vivimos, es la precaria concreción de derechos fundamentales, civiles y sociales que nos promete el resto de su articulado el que mejor define nuestro estado de alarma. Derecho al trabajo, a una vivienda digna, al desarrollo pleno de la personalidad, etc.

La alarma es por definición un mecanismo que se activa cuando los indicadores del funcionamiento de un sistema muestran una alteración que advierte de un peligro potencial.

Los indicadores de una vida digna, entendida esta como una vida que valga la pena ser vivida, hace tiempo que dan cuenta de una alteración grave al interior del sistema económico que la sostiene

El casi “empate social”, fruto de las políticas intervencionistas que acarrearon cambios económicos, institucionales y sociales, desde mediados de los `50 hasta la crisis de los ´70, viene siendo derribado desde hace casi cuatro décadas. 

Bien asentadas están a estas alturas las bases para el empobrecimiento de sectores medios y populares en beneficio de los grandes grupos de concentración económica

Se profundizan las asimetrías y estallan las expectativas de movilidad social desarrolladas en nuestro imaginario.

estado de alarma equilibrista en la ciudad
Estado de alarma

La precarización de las relaciones laborales y la caída del salario real han sido la punta de lanza de las políticas que impulsaron una distribución regresiva del ingreso. A la vista están las fracturas sociales y los quiebres identitarios que produjeron esas políticas; esto es, la pérdida de aquellos anclajes colectivos que configuraban la identidad de los sujetos, referidos al mundo del trabajo, la política y las instituciones.  

Además de la brutal transferencia de ingresos hacia los sectores más concentrados de la economía.

Por seguir reseñando indicadores, no podemos obviar: 

  • El componente de género en la desigualdad:  Con menos ingresos y más cargas sobre sus espaldas, las mujeres constituyen el colectivo más afectado por la desigualdad global.
  • Servicios públicos adelgazados: Acumulando décadas de un déficit crónico de financiación, caracterizado por la prestación tercerizada mediante empresas privadas.  
  • Regresividad fiscal: Las grandes fortunas disfrutan de los niveles impositivos más bajos de las últimas décadas, recayendo el peso fiscal de manera desproporcionada sobre los sectores medios y populares, disminuyendo la disponibilidad de recursos públicos para servicios básicos como la educación y la salud. 
  • Brecha en la esperanza de vida: Acceso desigual a las condiciones para gozar de buena salud y tener una mayor expectativa de vida. Entre las comunidades pobres y las más prosperas la brecha puede ser de entre 10 y 20 años.

La alarma se ha activado hace tiempo, como mecanismo de respuesta al descontrol escandaloso de estos indicadores, pero nos hemos acostumbrado a vivir en estado de alarma.

Un hábitat expoliado hasta el límite de sus posibilidades, sin opción de futuro, ya no para las generaciones venideras, sino para nosotros mismo.

Sin embargo, tenemos la extraña ilusión de que no pasa nada, que no es para tanto, que al final, un poco más incómodos, un poco más a la intemperie, con pocas certezas sobre el futuro, por no decir ninguna, aún seguimos aquí, poniendo parches a una barca que se hunde.



La Acción Colectiva, el sujeto y la oportunidad

En términos de acción colectiva la lógica neoliberal es un “quédate en casa”.  Su propuesta anti-política son las soluciones “delivery”, aquellas a medida para cada individuo entregadas en el lugar de consumo.

En 1965 ve la luz una de las obras más rigurosas en términos de análisis social con ajuste al método científico: La lógica de la acción colectiva.

El mundialmente reconocido Mancur Lloyd Olson, economista estadounidense doctorado en Harvard, Profesor de economía de la Universidad de Maryland, quien sería luego candidato a premio Nobel de economía, arriesga una hipótesis interesante que será uno de los puentes más solidos entre la teoría económica y la reflexión sobre los comportamientos en las ciencias políticas.

Dada la necesidad de concisión en este artículo, no exenta de simplificación, la idea venía a advertirnos sobre las dificultades de los grupos humanos para emprender acciones colectivas.   

acción colectiva
Acción Colectiva

 

Su tesis adjudica una absoluta relevancia al tamaño de los grupos para la efectividad, en términos de rendimientos, de la acción colectiva.

Olson comprueba que el nivel de interacción de los grupos pequeños es mucho mayor que el de los grupos grandes, dado que en estos últimos resulta imposible, en términos prácticos, establecer relaciones con todos los miembros del grupo a partir de un número considerable; por tanto, en pequeños grupos, “al poner en marcha una acción, si uno no participa, rápidamente recibirá una respuesta por parte del resto de individuos. Sin embargo, a mayor dimensión del grupo es fácil que un gorrón pase inadvertido, ya que el esfuerzo que no aporta se reparte entre todos, representando una cantidad menor de trabajo adicional para cada individuo, cuanto mayor sea el grupo”.  

Su análisis ayuda comprender la participación social en las actuales sociedades de masas, y es muy operativa la popular figura del gorrón, polizón o “free-rider” que utiliza para caracterizar a aquel que disfruta de los beneficios de una acción colectiva sin haber participado en ella.

A esta cuestión, el autor propone como una posible solución -atendible en aquel contexto de mediados de los sesenta, de alta interpelación a la participación y ebullición política en las sociedades occidentales- estimular la motivación individual con incentivo selectivo o premio por la pertenencia a un grupo. Valga para ejemplo las instituciones corporativas, sindicatos, colegios profesionales, etc.

Este análisis del comportamiento individual en el contexto de la acción colectiva, aún por brillante y riguroso, no es una ley universal observable en cualquier cultura humana. Sin embargo, es la seña de identidad más definitiva de nuestra cultura moderna, y sobre todo post.

El canon de la eficiencia, entendida como el menor gasto de recursos para la obtención de un objetivo, es la máxima que impregna toda la actividad humana de nuestro occidente rico y desigual.

El neoliberalismo ha tirado de esta lógica hasta el paroxismo, por tanto, toda crítica a nuestra ética debiera comenzar por un reconocimiento de cuan atravesados estamos por esta lógica, aún cuando reneguemos de ella.

Si el paradigma cultural que habitamos y que nos habita, del que hablamos y por el cual somos hablados, ha triunfado y lo impregnado todo, esto no ha sido sin nuestra conformidad y consentimiento.

En términos de acción colectiva la lógica neoliberal es un “quédate en casa”.  Su propuesta anti-política son las soluciones “delivery”, aquellas a medida para cada individuo entregadas en el lugar de consumo.

La polis ateniense, aun con las limitaciones de una protodemocracia, era el ámbito del ciudadano, entendido este como un sujeto con participación activa en la vida social, política y económica de su sociedad, a la cual se debía con el compromiso de estar informado de todo lo que allí sucedía, debiendo aportar ideas y promover cambios para administrar lo común.

El proletariado, sujeto emergente de la primera y segunda revolución industrial, carente de capacidad de presión si comparece aislado frente al empresario, comprende que sólo podrá conquistar algún derecho mediante la acción colectiva organizada, convirtiendo la asociación en su estrategia.

Los nuevos consensos de postguerra en su planteamiento de un nuevo orden traerán una fuerte intervención estatal en las relaciones entre el capital y el trabajo.

Los Estados de Bienestar, además de enmendar los “desajustes” del mercado, vendrán a ampliar el concepto de ciudadanía, estableciendo unos pilares que constituirán un piso de derechos sociales que, visto su franco retroceso, podemos caracterizar sin temor a exceso de “revolucionarios”.

Las tres últimas décadas del pasado siglo reaccionarán (en sentido amplio y estricto) a este derrotero proponiendo la receta del paradigma neoliberal. En su lenta albañilería, y en su correlato cultural postmoderno, donde la idea clave es la de-construción, los pilares del bienestar comienzan a socavarse desde sus cimientos.

En esta breve e incompleta reseña, llegamos a nuestros días con muchas pérdidas en materia de derechos, obtenidos en batallas que libraron otros, con un amplio campo popular en el cual la categoría del trabajo ya no es el gran eje vertebrador.

Más consumidores que ciudadanos, más espectadores que sujetos, reaccionamos espasmódicamente para volver nuevamente a la lógica que nos trajo a este estado de cosas.

Pero de algo debemos estar seguros, este estado de cosas no permanecerá; el “virgencita que me quede como estoy” no aplica en estas.  O avanzamos nosotros o siguen avanzando ellos.

En la lógica de la acción colectiva, las elites (grupos pequeños) han confirmado la tesis de Olson: nos han impuesto su agenda a las grandes mayorías (grupos extensos, caldo para los gorrones).

A veces, el asomarnos a otras culturas nos cunde más que siglos de teorización política. Para muestra, un milenario adagio budista, que responde a la pregunta por el sujeto y la oportunidad: Si no yo ¿quién?, si no ahora ¿Cuándo?

Nos cuidamos, nos protegemos. No dejamos de reivindicar “Sanidad pública, de calidad y universal.

Hoy, 25 de octubre, se ha celebrado una gran manifestación en Madrid. Las reivindicaciones, desgraciadamente, han sido las de siempre: la defensa de nuestros servicios públicos, universales y de calidad, protegidos de las manos privadas que buscan sacar partido y beneficio de nuestras necesidades.

Transporte abarrotado con trabajadoras que se trasladan de sus barrios (confinados) hacia sus centros de trabajo en los que no parece necesario mantener la norma de no más de 6 personas juntas.

Centros de atención primaria desabastecidos de lo necesario.

Hospitales que comienzan a colapsarse de nuevo ante la impasible retahíla de cifras que cada día nos regalan los medios de comunicación.

Políticos que destinan horas a discutir en los parlamentos, tirándose los trastos a la cabeza mientras nuestros mayores siguen en residencias, desasistidos y solos, nuestros escolares asisten a clases con ventanas abiertas o frente a ordenadores si los tienen y nosotros engrosamos las listas de ERTES y ERES ante un futuro cada día más incierto.

Hoy, de forma responsable, cuidándonos, hemos salido a las calles a gritar una vez más:

#nadaparalaprivada

#soloelpueblosalvaalpueblo

Manifestación en Defensa de los Servicios Públicos

Madrid se ha convertido en los últimos meses en un campo de batalla entre la derecha y la izquierda. Las organizaciones sociales, sindicales y políticas, que suscribimos esta convocatoria, nos hemos emplazado para avanzar en la articulación de una herramienta que nos permita dar una respuesta eficaz y solvente, ante el evidente expolio de los servicios públicos que se viene arrastrando.

llamamiento a manifestación
lemas y reivindicaciones

LA REVUELTA AL COLE. Cuando volver revuelve

La vuelta al cole después de (y durante) la pandemia, ¿Cómo lo hemos vivido los padres de los más pequeños?

Desde que era muy pequeña cada vuelta al cole me olía a todo lo que comienza, me sabía a la añorada rutina y me sabía a hogar. Cada Septiembre se oía como un rumor de lo que viene. Veía amarillo cada Octubre, un amarillo tan cálido que reconfortaba, y cuando tocaba Noviembre, era suave.

Sin embargo, esta vuelta al cole la he sentido rara, porque ha traído el otoño de un año raro, de un año que se paró durante un tiempo y que no ha sido fácil de poner en marcha.

Ha tocado volver, pero, ¿volver a dónde?, es difícil volver a lo que todavía no se conoce. Y aún con todas, las cosas han comenzado, con todo el vértigo que da que se comiencen sin saber muy bien cómo…

la revuelta al cole
Cuando volver revuelve

Creo que así se sintió Mateo también. Mateo tiene 23 meses y el mes pasado volvió al cole, pero ya no se acordaba de cómo era el cole y ni siquiera importaba, porque el cole que dejó hace seis meses con las prisas propias de una pandemia mundial, no es el mismo cole al que le hicimos volver. Recuerdo el primer día de este curso en el que le dejé con su profesora: se cierra la puerta y Mateo llora, Martina llora, Unai llora, Carlota llora y Dani que no lloraba, llora también porque siente que algo pasa. Su clase se queda llena de niños y llena de llantos. Y el corazón de los papis y mamis que quedamos tras la puerta, un poquito más vacío. Todos nos habíamos acostumbrado a estar mucho tiempo juntos, y separarse de nuevo duele.

Y más dolió cuando volvíamos a una nueva normalidad con reencuentros sin abrazos, en la que cambiamos los besos por codos, los corrillos por filas y los saludos por termómetros. Este curso lo hemos empezado sin listas que cumplir para llenar las mochilas, sin horarios, y sin ningún plan que pudiéramos recordar de años anteriores. Por no haber, no ha habido ni anuncios de la vuelta al cole. Y, sin embargo, aquí seguimos.

Este otoño se me antojó agridulce. Sé que detrás de esa puerta, en ese pequeño espacio burbuja mi hijo va a jugar, besar, tocar, chupar y abrazar todo lo que pueda, imposible no hacerlo. También sé que tiene sus riesgos y a ratos el miedo me llena de culpabilidad por no poder protegerle más del COVID, imposible no sentirlo. Y también sé que como niño necesita hacer todo eso, para crecer, estimularse y aprender, y como ser humano también, para relacionarse con los demás, para aprender a solucionar conflictos, para dar cariño y recibirlo, imposible no reconocerlo.

Un mes después de ese comienzo, cuando seguimos navegando en una rutina extraña en la que nadie planificó nada, reflexiono y pienso que a mí me gustaría que Mateo pudiera sentir cada vuelta al cole como yo las sentía, que pueda llegar el momento en el que recordando vuelva a saborearlos, a olerlos y a verlos en su memoria como yo recuerdo los míos. Que no nos distanciemos todos más de lo necesario. Que dos metros sean suficientes para parar al virus, pero que nuestra red se mantenga fuerte y unida. Y que nuestros niños lo aprendan y no lo olviden.

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