El 20 de Junio salimos para exigir un sistema sanitario público, universal, de calidad y de gestión democrática;  porque como hemos visto, privatizar mata.
Esta convocatoria antiprivatización de la sanidad de los diferentes territorios del Estado español nos requiere organizados, movilizados responsablemente, manteniendo las distancias que imponen los protocolos y,  en este tiempo de pandemia y paradoja, estaremos más unidos que nunca….
Otra vez, ¡a la calle, que ya es hora!

El amor fluye, imagina, sueña, contempla y, en su embelesamiento, a veces aminora su marcha; el odio jamás se distrae, nunca descansa; prueba de ello: el mundo que nos hemos dado.

El epígrafe de inicio refleja el espíritu y apela a una idea de mi abuelo, quien a través de las anécdotas de mi madre me enseñó a mirar el mundo.

Para bien y para mal, muy acorde con su tiempo, nos enseñó a asomarnos a la realidad desde el paradigma de la sospecha. 

Con los años, no sin resistencias, comprendí lo acertado de la perspectiva en una doble vertiente: su funcionalidad a la hora de construir un pensamiento crítico, por un lado; y la significativa casuística en favor del acierto, por otro.

Y en este ejercicio de anticiparse, en el que acertar puede implicar una derrota, es que hoy nos interpela la necesidad de no olvidar estos meses pandemia y confinamiento.

La primera no ha acabado, apenas da un respiro a nuestro estresado sistema sanitario; el segundo en cambio, en su relajamiento, nos expone a amenazas,  pero también a la posibilidad de empezar a delinear un orden nuevo; esto siempre y cuando la desescalada no archive nuestras reflexiones de ese “tiempo en pausa” con la misma velocidad que las recetas de panes caseros.

La generalizada sensación de que el mundo del que nos bajamos con el estado de alarma venía funcionando muy mal, nos llevó a prácticas mediante las cuales se sobrevivió al rigor de otros tiempos.

Sin ignorar la zozobra que supuso para muchos que vieron puesta en jaque su subsistencia, el aislamiento de la cuarentena nos permitió al redescubrimiento de nuestras redes vecinales y comunitarias, nos devolvió al contacto con los anónimos de proximidad, al encuentro sin prisas con nuestros compañeros de vida y de cama.

Aquello fue un salir dentro. Desde nuestros balcones nos encontrábamos acompañados por un mundo más extenso.

20 J Sanidad Pública
20 J a la calle, que ya es hora!

Desde nuestras organizaciones barriales, o desde nuestros portales, la solidaridad se propagaba silenciosa, contagiando una empatía que desafiaba en su velocidad al coronavirus.

Nos abrimos a un mundo “dentro” del cual encajaban mal las prisas del mercado; nos abrimos a nuestras familias,  a nuestros vecinos, a la satisfacción de nuestras necesidades más terrenales, a vivir conscientes de nuestra interdependencia y de la fragilidad de nuestros cuerpos.

Hoy, con la desescalada, el peligro es que nos devuelvan a aquella realidad que llamábamos “normalidad” y que como pudimos ver era parte del problema.

Mientras tanto, aquellos que ni se distraen ni descansan, porque en eso les va su poder y con este la vida, han tomado nota y han decidido pisar a fondo el acelerador hacia una normalidad que nuevamente blinde sus privilegios.

Cómo si nada hubiera pasado, y como si nuestro estupor ante el desmantelamiento del sistema público de salud ya hubiera desaparecido cual erupción estacional, vuelven a insistir sobre las viejas recetas de la antigua normalidad.  Esa normalidad donde los ancianos estaban a la intemperie en residencias que beneficiaban bolsillos privados de fondos buitres, y que cuando se desató la pandemia se las dejaron desahuciadas a los recursos públicos. Esa normalidad donde los trabajadores sanitarios, ya insuficientes para cubrir la demanda ordinaria de cuidados, se veían desbordados, infectados, y haciendo malabares para que a nadie se le fuera la vida en ese estado estructural de precariedad. 

Las crudas imágenes de aquella normalidad han restablecido el consenso sobre la necesidad de una sanidad pública, universal y de calidad; el que además goza de una gran transversalidad, porque por conservador que alguien se precie, nadie quiere quedar abandonado a la suerte de su código postal, y menos aún a la de su bolsillo.

Hoy la puja por restablecer el viejo orden se ve claramente en el cinismo de un discurso que sostiene la defensa de la Sanidad pública mientras firma contratos y cede terrenos públicos para la construcción por parte capitales privados de nuevos centros hospitalarios de “gestión mixta”, como les gusta decir; o ceden en concesión algunas porciones de centros públicos, en nombre de un ahorro y una eficiencia que como bien sabemos son inexistentes.

 

En este escenario, los profesionales sanitarios, los movimientos sociales, los sindicatos, las organizaciones barriales y la ciudadanía toda estamos llamados a atender el juego. No podemos volver a dejar todo en sus manos y mirar hacia otro lado.

Nuestra Nueva Normalidad hoy es entrar fuera; pisando fuerte, poniendo el cuerpo,  que aislado es frágil pero que movilizándose en marea se pone a cuidado y a salvo.

El 20 de Junio salimos para exigir un sistema sanitario público, universal, de calidad y de gestión democrática;  porque como hemos visto, privatizar mata.

Esta convocatoria antiprivatización de la sanidad de los diferentes territorios del Estado español nos requiere organizados, movilizados responsablemente, manteniendo las distancias que imponen los protocolos y,  en este tiempo de pandemia y paradoja, estaremos más unidos que nunca….

Otra vez, ¡a la calle, que ya es hora!

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Los aplausos nos animan, la sanidad se defiende luchando con acciones